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Breviario

El hombre que cayó del lado de los sueños

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Estaba leyendo el periódico, sentado en la butaca del dormitorio, cuando de pronto escuchó, nítida, diáfana, la voz joven de su madre, procedente desde un rincón, que le decía con cariñosa autoridad: “Nene, ya es tarde, vamos a dormir”. Se quedó petrificado: su madre había muerto hacía siete años y él no había vuelto a escuchar esa frase desde por lo menos treinta y cinco años atrás, cuando todavía era un niño que apenas si tenía uso de razón.

Pero aquellas antiguas palabras volvieron a funcionar tan bien como antes: al estupor inicial, siguió una felicidad intensa, hecha de la promesa inminente de la suave molicie de una cama, de la tibieza de una sábana, del arrullo de una nana que manaba del pozo de voz más dulce que hubiera oído nunca, de unas caricias que apaciguaban su piel y, penetrando ésta, lo llenaban de un íntimo sentimiento de invulnerable protección.
 
A la mañana siguiente, mientras se disponía a enfrentar la pesada y aburridora tarea del día en la oficina, volvió a escuchar las mismas palabras de su progenitora. Dos días después, cuando su esposa le recordaba que estaban retrasados cinco días en el pago del arriendo, las escuchó de nuevo. Y las escuchó por tercera ocasión el domingo siguiente, cuando se arreglaba para sacar a los niños a pasear al parque.
 
En los días y semanas que sucedieron ya no pudo llevar la cuenta de las veces que aquella frase, en cualquier momento, amable, anhelada, resonaba en sus oídos. Fue entonces cuando tuvo conciencia de que cada vez le resultaba más difícil soportar la realidad que estaba viviendo; que cada nuevo día lo asumía como un reto arduo y engorroso que se veía forzado a encarar contra su voluntad; que, con la muerte de sus padres, la degeneración de sus ilusiones juveniles en una memoria amarga y frustrada, el afán cotidiano por la subsistencia, ya nada era igual en el mundo; que todo se había vuelto melancólico y doloroso de un modo definitivo.
 
Por eso los períodos de sueño representaban cada vez más para él un refugio salvador; y los de la vigilia, una intolerable atrocidad. Por eso esperaba con una ansiedad que aumentaba con las horas el instante de volver a escuchar a su madre: “Nene, ya es tarde, vamos a dormir”. Al cabo de cierto tiempo, llegó a un estado de ánimo tal en que sen...

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Joaquín Mattos Omar

(Santa Marta, 1960) Poeta, narrador y ensayista. Ha publicado, entre otros libros, De esta vida nuestra (1998).

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