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El Malpensante

Artículo

Malentendidos alrededor de García Márquez

Muchos críticos suponen que si un autor nace en Colombia inevitablemente estará influido por el imaginario de Macondo. El siguiente ensayo explica por qué tal supuesto es una superchería.

Invitado Festival Malpensante 2009

Cien años de soledad cumplió treinta y cinco de buena compañía hace relativamente poco. Las celebraciones que tuvieron lugar en Colombia —y con menos algarabía en el resto del mundo hispánico— mostraron un grado de redundancia que me parece el mejor comentario sobre la salud de la novela. El aniversario no se celebró como se celebra el de un viejo amigo, sino como una efemérides de Estado (el cumpleaños de un viejo dictador, por ejemplo), y haber sobrevivido a la burocracia oportunista de la conmemoración es prueba del carácter de la novela, de su pertinencia literaria. El adjetivo macondiano, como ustedes saben, forma parte del léxico factótum de los latinoamericanos, que no dudaron en aplicarlo a las celebraciones mismas: en ellas, críticos y periodistas y escritores de dudosas o insuficientes lecturas hicieron los intentos más desesperados por embalsamar la novela y llevarla en procesión, como a la Mamá Grande en sus funerales. Una de las herramientas de sepulturero con que contaron estos comentaristas literarios, una de sus estrategias más facilonas, fue la de revisar, por enésima vez, la presencia de García Márquez en la literatura de las generaciones posteriores, y repetir como loros cansados la pregunta que ha acosado a todos los escritores colombianos nacidos a partir del medio siglo: ¿Cómo se escribe bajo la sombra de Cien años de soledad? La pregunta me parece un falso problema, casi una vacuidad retórica, y lo he dicho más de una vez en más de una entrevista. Pero hoy intentaré dar a mis reparos un empaque menos indignado y más racional, menos informal y más articulado.

Cualquier lugar es bueno para empezar a echar abajo la noción falseada de la influencia garciamarquiana, y yo empezaré por la noción misma de influencia. Hay, creo, un malentendido principal que de alguna manera provoca o tolera los demás: la idea, pervertida y provinciana y reduccionista, pero sobre todo ajena al espíritu mismo de la literatura, de que la influencia tiene un carácter territorial. El escritor boliviano o marroquí no suele ser interrogado acerca de las dificultades de escribir bajo la preeminencia del realismo mágico; a un indio no se le pregunta sobre la influencia de García Márquez en su obra, aunque ese indio sea Salman Rushdi...

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Recibió en 2011, el Premio Alfaguara de Novela por 'El ruido de las cosas al caer'.

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