Google+ El Malpensante

Artículo

Madre no hay sino una

Desde siempre, el amor por plantas y flores ha sido la causa de fecundas obsesiones. He aquí una de ellas.

Cuando Miña, mi madre, depositó la pequeña matera con apenas una mísera margarita sembrada, la terraza de nuestra casa en El Poblado se fue desmoronando. Fue un derrumbe como de película, en cámara lenta, con mucho polvo y poco estruendo, y cuando la atmósfera se empezó a limpiar apareció mi madre, con una sonrisa de Monna Lisa indemne e impávida, tomándose un aguardiente que quién sabe de dónde salió, y en su boca el infaltable cigarrillo encendido, marca Ginebra.

No le di el gusto de oír el “te lo dije”que ella estaba esperando, ya que innúmeras veces le había advertido: Vea, madre, cada metro cúbico de tierra pesa un poco más de una tonelada, y usted, agregando de matera en matera, un día va a tumbar la casa. Entonces ella usó con naturalidad el recurso cristiano llamado traslación de la culpa y simplemente dijo: Ole, estos arquitectos de ahora sí no saben calcular. Confundía a los diseñadores con los ingenieros y tal vez pensaba en Salmona, amigo de la familia, de quien decía: Tan buen arquitecto, pero tan mal marido. Solía usar el matrimonio en las comparaciones, como cuando hablaba de José, el Carpintero: Tan buen marido, pero tan mal carpintero. ¿Por qué, madre? Vea, mijo: de la Santa Cruz —la Vera Cruz— hay trozos en todas partes del mundo. Tanto, que si los juntaran saldría una cruz más alta que Monserrate. En cambio de san José nadie tiene un pedazo de silla o de cama. ¡Tan mal carpintero! (Años después el Nobel Saramago habría de ratificar esta intuición.)
 
Todo esto para decir que mi madre era una fanática de las plantas, que compraba y canjeaba; pedía pies, recogía semillas y cuando era necesario llegaba al hurto: cogía la mata, con todo y tierra, y se la metía en la cartera. Y como tenía cara de honrada... De ella viene, pues, mi gusto por las flores. Muerta mi madre, me vi cultivando las mismas matas que ella, y cuando alguien me pregunta por el origen de mi afición, le digo: Fue un Edipo tardío, más precisamentepost mortem.
 
Pasaron los años y, como dijo un escritor amigo, me fui a saborear “el amargo caviar del exilio” a Nueva York. Y ahí, cerca de la única finca que añora mi mujer —empedernida ciudadana—, el Central Park, y visitando los jardines botánicos del...

Página 1 de 4

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Guillermo Angulo

Fue director del periódico 'Ciudad Viva' y actualmente regenta la Orquidiócesis de Tegualda.

Febrero de 2006
Edición No.68

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

Nuestro Archivo

1 de 4

Tres piedritas hepáticas


Por Hernán Bravo Varela


Publicado en la edición

No. 193



De manufactura muy diversa, pero igual de encantadora, este trío de ensayos aborda la música, el cine y el sentido del gusto (incluyendo el gusto por el arte) con un ingenio prodigioso. [...]

Fentanyl


Por Samuel Andrés Arias


Publicado en la edición

No. 77



¿Y al doctor quién lo ronda? Pues lo ronda, entre otras cosas, una peligrosa tentación en la que muchos caen. Ésta es la impresionante crónica de un anestesista que [...]

Huesos y pelo


Por Pilar Quintana


Publicado en la edición

No. 194



Un cuento  [...]

Los hombres me explican cosas


Por Rebecca Solnit


Publicado en la edición

No. 164



Una especie de autoridad intelectual masculina, basada exclusivamente en el género, es una de las formas más sutiles y a la vez violentas de discriminación hacia las mujeres. Para [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores