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Ficción

La subasta

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Invitado Festival MalPensante 09

Abre los ojos y va volviendo lentamente en sí. Aunque todavía siente el mareo de la anestesia, de inmediato le llama la atención la presencia de algo en el área de su estómago. Quiere tocarse pero los brazos no le responden bien: el izquierdo sigue conectado a una botella de suero, mientras el derecho parece muy cansado. Desiste. Por lo visto se halla en la sala de recuperación. Haciendo un esfuerzo adicional alza un poco la cabeza para comprobar si hay alguien más allí, pero la falta de las gafas a duras penas le permite percibir contornos borrosos de color, luz y sombra. Recuerda que es muy miope y que le han hecho dejar las gafas en un locker con el resto de la ropa antes de tenderlo en la camilla para anestesiarlo. Tiene la certeza de que no está solo. Una enfermera a la que no puede ver bien se le va acercando; cuando por fin la tiene al pie de la cama, alcanza a percibir en ella una mirada amable, quizá de compasión.

—¿Cómo se encuentra?
 
—Bien, creo —contesta.
 
—Descanse un poco. Al ratito lo llevamos a su habitación.
 
¿Descanse? Unas náuseas no solamente físicas acompañan la llegada a su mente, en rauda y desordenada secuencia, de lo sucedido en los tres días anteriores. Todo empezó el lunes en el instante en que sonó el teléfono interno de la oficina. Era la voz de su secretaria:
 
—Don Isaac, no se le olvide que tiene una cita con el doctor Martínez a las diez de la mañana.
 
—Gracias, Adelita —contestó entonces don Isaac con la voz apacible de siempre. Ese lunes, según su costumbre de trabajar de sol a sol, estaba en la oficina desde las siete de la mañana, y Adelita hacía bien en recordarle la cita, pues de otro modo hubiera podido olvidarla. Como en la familia no había ningún médico, para dolor de su difunta madre Sara quien lo había atormentado a él mismo y luego a sus tres hermanos para que alguno estudiara medicina, don Isaac tenía que ir adonde el doctor Martínez, un reputado gastroenterólogo goy que la semana anterior le había hecho practicar numerosos exámenes debido a una molestia digestiva que a sus 69 años era necesario mirar de todas maneras. La imagen áspera y severa de su madre, Sara Grossman, mame Sara, apar...

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Andrés Hoyos

Es columnista de El Espectador y fundador de la revista El Malpensante.

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