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Arte

¡Horrible!

La más completa retrospectiva de Francis Bacon fue inaugurada en septiembre en la Tate y recorrerá los principales museos del mundo a partir de 2009. A propósito de este evento, Robert Hughes revuelve sin asco la obra y el estudio del agrio pintor irlandés.

Francis Bacon (1969). © John Hedgecoe. Topfoto

En 1988 Lucian Freud realizó una exposición en la Neue Nationalgalerie de Berlín. Fue un tremendo éxito, por supuesto: el público de arte alemán ya sabía de Freud y estaba en capacidad de apreciar su obra contra el recuerdo de fondo de la corriente realista artística alemana de los años veinte conocida como la Neue Sachlichkeit, la “nueva objetividad”.

De hecho, tanto gustaron los cuadros que se robaron uno. Era un retrato pequeñito, hecho en 1952, sobre una lámina de cobre no más grande que un pliego para escribir a máquina, de su amigo y colega pintor Francis Bacon. Pertenecía a la galería Tate, pero alguien lo descolgó sin más ni más de la pared berlinesa y se marchó con él.
Freud me telefoneó para contármelo. Qué terrible noticia. Nunca había sabido del robo de un cuadro de un amigo, y menos de una pintura que me parecía una rotunda obra maestra: aquel suave y pálido rostro de pera como una granada de mano a punto de explotar, aquellos ojos de aspecto evasivo bajo unos párpados que parecían cuchillas, desde hacía tiempo se me hacían una imagen clave de la modernidad, pese a que una docena de años atrás prácticamente nadie en Norteamérica, donde se suponía que debían forjarse los grandes renombres, había oído siquiera hablar de Lucian Freud.
–Bueno –le dije a Freud–, al menos por ahí hay un verdadero fanático de tus obras.
–¿Eso crees, eh? –me contestó– Mira, no sé si estoy de acuerdo. No creo que el que se lo llevó lo haya hecho porque yo le gustaba. Ni de fundas. Seguramente estaba loco por Francis. Eso justificaría el riesgo.
Más tarde, al rumiar sobre aquello, concluí que Freud bien podía estar en lo cierto. Al fin y al cabo, para un ladrón sería imposible vender la cabecita. Era demasiado conocida, un ícono del arte inglés, como también lo era su modelo. Me la figuraba colgada de un clavo en un cuartito de alquiler en Berlín, ante la adoración de su ladrón: Estampa Sagrada del homosexualismo que ahora nadie más compartiría, objeto de una o...

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Robert Hughes

Su último libro es la 'Monografía de Goya'.

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