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El Malpensante

Arte

¿Luz de un nuevo cielo?

Fotografías de Carlos Mario Lema y del archivo de Ciudad Solar
Del 19 de noviembre de 2008 al 30 de enero de 2009 se desarrolla en Cali el 41 Salón Nacional de Artistas. Pretexto para que el autor de esta crónica regrese a su ciudad natal y la recorra, convertida ahora en la gran instalación de sus recuerdos.


Turista de recuerdos

El Colegio de La Sagrada Familia en la ciudad de Santiago de Cali, república de Colombia, frente al parque del tradicional barrio El Peñón, era un claustro de señoritas de la llamada clase media-media, señoritas de medias hasta la rodilla y uniforme matapasión. Todas las mañanas, las alumnas desfilaban hacia la puerta principal, donde eran recibidas por un ejército de monjas estrictas. El colegio de la Sagrada Familia quedó inmortalizado como lo que era en la película A la salida nos vemos del director colombo-tulueño Carlos Palau, realizada en 1986. El colegio de la Sagrada Familia dejó de ser colegio y pasó a ser un edificio ad portas de la ruina. Se dijo que iba a ser comprado por una cadena hotelera. Se dijo también que iba a ser convertido en un centro comercial. Por lo pronto, no ha sido ni una cosa ni la otra. El colegio de la Sagrada Familia dejó de ser un posible centro comercial para convertirse en un centro cultural. “Si la vida de Cali girara menos alrededor de los centros comerciales y más alrededor de los centros culturales, estaríamos salvados”, dijo mi tío Alfredo Rey, cuando regresó a su ciudad natal hace pocos meses. El 41 Salón Nacional de Artistas, bajo el alarmante eslogan “Urgente: Cali”, ha tomado como epicentro de sus obras el citado claustro.
La Sagrada Familia ya no es un colegio: es un edificio que puede ser cualquier cosa. Centro comercial, hotel, centro cultural. Pero sigue siendo hermoso. Por dentro y por fuera. Como Cali. Cali es como el Colegio de La Sagrada Familia. Ya no es lo que era antes, pero sigue siendo hermoso (o hermosa, depende de las circunstancias). Para todos los que crecimos en el Cali de los años sesenta y setenta, nos cuesta trabajo reconocer estas calles y este aire como propios. Sí. La culpa es nuestra, por habernos ido. Pero también hemos aprendido a regresar. Y a emocionarnos con el regreso. Y a desconcertarnos con las resurrecciones. “Por eso yo regreso a mi ciudad”, se llamaba un relato de Andrés Caicedo y así se llamó el discurso para recibir el Doctorado Honoris Causa (“Rebelde con Honoris Causa”, según sus palabras) ...

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Sandro Romero Rey

Trabaja como profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital. En 2010 publicó 'El miedo a la oscuridad'.

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