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Viajes

El sueño suramericano

Anécdotas de un viaje a Buenos Aires

© Wilson Borja

 

Alguien que conozco afirma que todo colombiano ha estado, está o estará en el futuro próximo en Buenos Aires. Lo dice porque él mismo hizo allá un curso de culinaria de seis meses, atraído por el espejismo del nuevo país de las oportunidades, la París tercermundista, el Disney World de los que no tienen visa a Estados Unidos y, ante todo, la meca de la cultura y la intelectualidad suramericana. Hagan cuentas, desde que se puso tan difícil entrar a España, ¿cuántas personas que conocen se han ido a estudiar o a pasear a Argentina?

Después de un lustro sin plata suficiente para salir siquiera de Bogotá, ahorré y me uní a la manada. Fui a pasar las vacaciones de diciembre en la casa de un viejo amigo, un gringo que tiene la sana costumbre de no vivir más de un año en el mismo país. De bienvenida, y como ya es costumbre en mis viajes, las cosas empezaron a salir mal: Chapman, mi amigo, fue víctima de una meningitis viral y era dado de alta mientras mi avión aterrizaba, lo esperé dos horas en el aeropuerto escuchando en los altoparlantes “díar pásenshers, güelcom tu Arshentina” y, cuando me aburrí de leer en el periódico sobre la marca de agua que toma Cristina Kirchner y otros detalles de su intimidad, decidí irme en taxi hasta Palermo. Veinticinco dólares después, pude sacar mi primera impresión de Buenos Aires: la ciudad no es “di-vi-na” ni “parece Europa”, apenas es otra capital latinoamericana con pasado glorioso, sucia y desordenada, adornada por mojones de perro en todas las aceras, con elegantes carrozas de caballos famélicos cargando basura, con anuncios y fachadas de tiendas ridículos, sumados a un discreto olor a mierda en sus calles que no se sabe si es el resultado de las heces caninas, la polución en el aire, las pulcras aguas del Río de la Plata, el inevitable sudor veraniego o todas las anteriores.

De lo poco que pude hablar con Chapman ese día supe que, para él,ocho meses fueron suficientes para hastiarse de Argentina. No corrió con suerte: además de la meningitis, su perro fue atropellado, a dos cuadras de su casa lo encañonaron para robarle...

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Comentarios a esta entrada

Camila R

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Camila R

Hay un fastidio superficial en este texto. No se puede venir buscando el turismo gringo al que estamos tan acostumbrados. Le faltó vivir. Hay que aprender a abrir los ojos, y sobretodo, la mente.

Hugo1 González

Escrito pobre sin objetivo claro, los lugares comunes de siempre la molestía sin razón, lastimoso.

Su comentario

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