Google+ El Malpensante

Breviario

Cosas así no pasan todos los días

s

Invitado Festival Malpensante 2009

I

No sé por qué he tardado tanto en contar esto. Ahora, cinco años después de los hechos, Mario Jursich me ha pedido que lo haga, y lo haré de la manera más directa de que soy capaz. No pediré a los lectores que me crean, porque mendigar la credulidad de un lector es invocar su escepticismo.
 
En octubre de 1999, después de pasar casi tres años en París y casi uno en cierto pueblo impronunciable de las Ardenas belgas, llegué a Barcelona de manera no del todo voluntaria. Digamos, para efectos de lo que voy a contar, que los factores que me fueron acercando a la ciudad no siempre resultaron conscientes; y que uno de los inconscientes fue la obra de los escritores latinoamericanos que habían escrito antes en la ciudad, y en particular, por una cuestión de afinidades, la de Mario Vargas Llosa. No voy a entrar en detalles sobre lo que Vargas Llosa escribió en Barcelona, o sobre lo que Barcelona hizo por Vargas Llosa, pero lo cierto es que la relación entre el novelista y la industria editorial de la ciudad podía y puede ser tomada como muestra de uno de los grandes momentos de la novela latinoamericana. Yo era latinoamericano y quería escribir novelas: como lector furibundo de Vargas Llosa, Barcelona era una especie de destino natural. Todo lo cual es un rodeo para decir que mi llegada a Barcelona tuvo alguna relación —no sé cuál, pero eso, para efectos de lo que voy a contar, no me interesa demasiado— con la obra de Vargas Llosa.
 
 
II
 
Para julio del año 2000, la revista Lateral me había invitado a formar parte de su consejo de redacción, y al final de una de las primeras reuniones el escritor barcelonés Juan Trejo, que en ese momento apenas me conocía, se me acercó para contarme una anécdota que me pareció curiosa, por decir lo menos. La tarde anterior había salido de su casa para tirar una bolsa de basura en los contenedores de la esquina, y des-pués de hacerlo decidió fijarse, él que nunca había hecho nada semejante, en las cosas viejas o dañadas —muebles, libros, electrodomésticos— que la gente solía dejar junto a los contenedores por si alguien les encontraba algún provecho. Entre las cosas abandonadas le llamó la atención un casete de video en formato vhs que, aunque no tenía ca...

Página 1 de 3

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Juan Gabriel Vásquez

Recibió en 2011, el Premio Alfaguara de Novela por 'El ruido de las cosas al caer'.

Septiembre de 2005
Edición No.65

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

Nuestro Archivo

1 de 4

Tres piedritas hepáticas


Por Hernán Bravo Varela


Publicado en la edición

No. 193



De manufactura muy diversa, pero igual de encantadora, este trío de ensayos aborda la música, el cine y el sentido del gusto (incluyendo el gusto por el arte) con un ingenio prodigioso. [...]

Huesos y pelo


Por Pilar Quintana


Publicado en la edición

No. 194



Un cuento  [...]

Los hombres me explican cosas


Por Rebecca Solnit


Publicado en la edición

No. 164



Una especie de autoridad intelectual masculina, basada exclusivamente en el género, es una de las formas más sutiles y a la vez violentas de discriminación hacia las mujeres. Para [...]

Fentanyl


Por Samuel Andrés Arias


Publicado en la edición

No. 77



¿Y al doctor quién lo ronda? Pues lo ronda, entre otras cosas, una peligrosa tentación en la que muchos caen. Ésta es la impresionante crónica de un anestesista que [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores