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El Malpensante

Perfil

El ladrón de almas

Un perfil de Gérard Depardieu

Traducción de Ricardo Bada

El actor francés trabaja más que nunca, pero sus mejores películas se rodaron hace ya mucho tiempo. ¿Qué lo mueve todavía? Semblanza de un genio apresurado.

 

Eleanor Bentall • © Corbis

 

Con su gran nariz y su figura de tragaldabas se parece inmejorablemente a Beethoven... o no, hay algo que no: faltan la energía, la potencia. El hombre del escenario no parece un genio desaforado sino un animal grande y amedrentador después de haber recibido una flecha anestésica en la grupa. Movimientos lentos, contenidos, casi en una especie de trance. Ahí está, sentado en el escenario de la Sala Pasteur, en Montpellier, para leer cartas de Beethoven, y el público lo embebe todo: no sucede tan frecuentemente que pueda estar viéndolo tan de cerca, y además en un evento cultural. Por alguna razón indescifrable, el director ha colocado a su estrella de la noche contra el foro del escenario, detrás de un velo negro, mientras en el centro del escenario se sienta un cuarteto de cuerdas. Los cuatro músicos hacen lo mejor que pueden, pero no cabe decir más acerca del tema.

Lo enojoso es la declamación en sí. Depardieu tiene una hermosa voz, pero es indesoíble que no ha leído bien los textos antes de su actuación.

Su voz se va apagando cuando alcanza el final de una página, y recién cuando pasa la hoja se da cuenta de que la frase continúa. Y a pesar de todo, de vez en cuando, cuando domina la situación, crea de la nada una atmósfera, una cierta intensidad, un momento de desnudez personal que es realmente conmovedor.

Ahí llega de nuevo al final de una página. El hechizo desaparece de nuevo pero al público le trae sin cuidado: los espectadores aplauden a su estrella y patalean el suelo como siempre hacen en Francia en los conciertos. “C’est sublime”, dice alguien cerca de la puerta, “C’est extraordinaire”, añade otro. Un método para asegurarse una posición cultural dominante consiste normalmente en decidir que, a priori, lo que sucede en el propio país es magnífico.

Aún tengo una cita, antes de poder salir a gozar el aire nocturno de Montpellier: voy a estrechar la mano de la estrella. Mañana, en su hotel, tendremos una entrevista. Depardieu vive con frecuencia en hoteles.

Viaja mucho, tiene un programa enorme: compra viñedos en medio mundo; invierte su dinero...

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