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Economía

Cuentas cínicas

La vieja filantropía está en un acelerado proceso de reinvención. No solo conquista nuevos terrenos sino que podría conducir a la solución de problemas mal atendidos por el Estado. En este ensayo, el autor explora los alcances de una clase emergente de “filantrocapotalistas”.

Ilustración de Diego Patiño

Como aquí no voy a hablar de filósofos, puedo empezar por una pregunta cínica, de ésas que apenas se puede hacer un pequeño fragmento de la humanidad: ¿cuál es el capital necesario para poder vivir cómodamente de la renta sin trabajr?

Unas sumas y restas sencillas nos permiten afirmar que en la actualidad una persona, su pareja y dos hijos requieren de US$4.000 mensuales para vivir de la renta con holgura, si están en un país del Tercer Mundo como Colombia, y de dos veces y media esa suma, o sea US$10.000, si están en una metrópolis de Estados Unidos. La diferencia no es caprichosa: depende de la capacidad adquisitiva de cada moneda en el mercado local y ha sido tabulada por los economistas. Siguiendo con las cuentas a mano alzada, convengamos en que, tras descontar la inflación, a un capital se le puede extraer de forma segura un 5% anual sin que el monto del principal se afecte, de modo que las cifras patrimoniales correspondientes serían US$960.000 en Colombia y US$2400.000 en Estados Unidos. Redondeemos, sin embargo, nuestro cálculo a un millón de dólares en un país del Tercer Mundo como Colombia y 2,5 millones de dólares en Estados Unidos. Con capitales semejantes invertidos productivamente, una familia puede vivir en el respectivo país con bastante comodidad sin necesidad de trabajar. En cada caso la persona hace parte de una pequeña minoría, la de la gente acomodada, más abundante, por supuesto, en el Primer Mundo. Por si acaso, la mayoría de la gente que cuenta con patrimonios semejantes suele trabajar mucho, ya que como se ha visto en tiempos recientes la ventaja con la que cuentan es precaria.

Ahora bien, si ya queremos hablar de gente rica, tendríamos que multiplicar estas cifras por cuatro, llegando a que una persona de veras rica debe tener un capital productivo de cuatro millones de dólares en un país como Colombia y de diez millones de dólares en Estados Unidos. Las personas en esta categoría, bastante menos numerosas que las de la anterior, no solo pueden vivir bien sin trabajar, sino que están en capacidad de darse numerosos lujos: viajar siempre en clase ejecutiva, quedarse en h...

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Andrés Hoyos

Es columnista de El Espectador y fundador de la revista El Malpensante.

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