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El Malpensante

Breviario

Ni una más. Ni una menos.

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La verdad, me hubiera gustado conocer a F mucho antes de que se casara por primera vez. Así hubiera evitado que lo hiciera. Pero las cosas no se nos dieron, como dicen los futbolistas derrotados.

A F la conocí en la forma en que siempre creí que conocería a la mujer de mi vida, si algo similar a eso existe. Era una tarde de viernes dedicada, como durante mucho tiempo lo hicimos, a almorzar con Garzón, quizás el mejor amigo que la trashumancia por las vecindades del poder me trajo. Garzón decía que los viernes eran de almuerzo largo, mucho trago, coqueteos y devaneos con las contertulias del sitio, actividades que no conducían a gran cosa, por lo que siempre terminaban en la depresión sexual de Jaime y en la melancólica y humorística conclusión de que “él las levantaba pero no las acostaba”.
 
Decía, además, que un viernes de ésos, caliente por el efecto invernadero que provocaba la marquesina de vidrio del lugar que no se debía llamar como se llama, El Patio, sino El Antejardín, distinguí a F entre un grupo de muchachas alborotadas por la brincadera de Jaime. Al contrario de lo esperado, no sé fijó en él sino en mí.
 
Se instaló desde entonces en nosotros un juego de miradas que todavía dura a pesar de las muchas cosas que han pasado en las diez veces que nos hemos visto en la vida. No han sido más. Toda suerte de eventos han impedido que alcancemos alguna de las categorías que definen la relación estable de una pareja: novios, esposos, amantes, separados o viudos.
 
He sostenido mucho la idea de que, en una pareja, hay tres elementos: él y ella (o ella y ella, o él y él, no vayan a creer que soy homófobo) y la pareja propiamente dicha. En el caso de F, sólo podría decir que estamos nosotros dos, cada uno por separado. En nueve años, diez encuentros. Pocos, se dirá con razón, especialmente para una persona a la que se le dedican las muchas horas de desperdicio que implica escribir un cuento.
 
Ha sido, sin embargo, una relación prometedora. Siempre mejora, siempre tiene futuro, siempre se alarga, aun en las peores negativas. Baste saber que la conclusión que sacamos la última vez que nos vimos fue el compromiso de escribir cada uno, por separado como es de esperar, nuestra historia, el único producto derivado de esta relación. Y ésta es mi versión; quizás algún d&iacut...

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Darío Vargas

Director y productor de televisión colombiano.

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