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Breviario

La Propina del Diablo

s

 

Sólo Satanás puede conferir al hombre la facultad de expulsar humo por la boca.
El Santo Oficio, siglo XVI
 
 
Pides felicidades a tus vicios.
Quevedo
 
 
En la crapulosa esquina de la avenida Líbano con la calle 70 de Barranquilla, todas las noches, religiosamente, el Diablo recibe su propina.
 
Quienes primero concurren al lugar son “las muñecas”, cinco alegres y bulliciosas damiselas de acera, que resultan iguales en todo (el carmín de los labios, la exuberancia de los senos, la voluptuosidad de los cuerpos, la audacia insinuante de los vestidos), salvo en el sexo: dos de ellas son en realidad ellos, pero hasta sus nombres de guerra (o de amor) lo disimulan: La Beautiful y Lady Di. Las otras tres —esas sí genuinas hembras de muslos voraces—se llaman Adriana, Mariaisabel y Rosa.
 
Más tarde, ya con la noche a punto de hervir en rumba, uno por uno, van llegando los jíbaros: El Chino, El Paisa, El Águila Coja y Gloria. Los tres primeros expenden drogas duras: cocaína y un tipo de crack conocido entre ellos como “patraseao”; la última (una frágil negrita de Buenaventura), cigarros de marihuana primorosamente liados en papel de arroz.
 
Se saludan efusivamente, con sus gestos rituales y aparatosos y su germanía de siempre, mientras toman posesión del parche. Experimentan siempre la íntima alegría de volver a estar juntos, de compartir ese estilo de vida duro y marginal y, sobre todo, los colma una entusiasta expectativa ante las promesas de la noche.
 
Cada quien alimenta siempre la esperanza de tener una excelente jornada, que rinda al final jugosos dividendos; cada quien acaricia siempre la ilusión de poder decir al amanecer, en medio de las cervezas de despedida en el estadero Curramba: “¡Hoy sí coroné!”.
 
Por eso no dejan ya la posibilidad de su éxito al azar. Desde hace algún tiempo, en efecto, decidieron encomendárselo a un poder superior. ¿A Dios? Pese a su calaña, no son tan impíos como para pedirle a la Fuente Suprema del Bien que favorezca el buen fruto de las actividades non sanctas a las que se dedican para ganarse la vida. Desde un principio, por lo tanto, tuvieron claro que ése era un milagrito que le tocaba al Otro, a su eterno Antagonista.
 
Lo que no tuvieron claro de inmediato ...

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Joaquín Mattos Omar

(Santa Marta, 1960) Poeta, narrador y ensayista. Ha publicado, entre otros libros, De esta vida nuestra (1998).

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