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El Malpensante

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El caso Benedetti

Esta reseña fue publicada por primera vez en 1986 en el Diario de Poesía. Desde entonces no ha perdido ni la gracia ni la subyugante originalidad. Vaya como un ejemplo de gran crítica ahora que algunos por ahí empiezan a ponerla en duda.

Capítulo uno: El encargo

Llovía. Una tierna lluvia de otoño circulaba desde la mañana temprano sobre los vidrios coloreados de la comisaría. Suárez hizo un bollo con un papel inútil y le erró al canasto, como siempre. “Viernes”, pensó. Caminó hasta el cesto, levantó el papel, lo tiró cuidadosamente. Volvió al escritorio. La mujer y los hijos de Suárez lo habían dejado solo ese fin de semana. Pensaba con cierto rencor en la casa vacía, las horas aburridas, el sordo odio que le daba mirar televisión, nunca lo bastante intenso como para apagar el aparato antes de tragar un par de horas de estupideces. “Me vendría bien un caso suplementario. Unos pesos”, pensó, aunque sabía que lo necesitaba más como forma de pasar el fin de semana que como refuerzo económico. Para colmo, el lunes y el martes eran feriado de carnaval, dos días muertos en que bien podría quedarse en casa, si no estuviera tan sola.

A las tres y media el cabo Gurméndez le avisó que tenía una llamada.
 
—¿Quién es? —preguntó Suárez, molesto.
—Gonçalves.
—Páselo, páselo —dijo Suárez, mientras manoteaba un cigarrillo. “La vida te da sorpresas”, se dijo, divertido. Gonçalves casi nunca llamaba si no era para encargarle un caso extraoficial.
 
Después de los saludos de rigor, de las bromas, de cierto humor agresivo que usaban los dos desde que se conocieron en el entierro de Ludueña, Suárez le pregunto qué quería: estaba ocupado pero haría lo que pudiera por él.
 
—Es un caso delicado, Suárez —dijo la voz parca de Gonçalves, que jamás lo tuteaba—. Hay gente, no puedo decir quién, que quiere averiguar por qué Mario Benedetti, a pesar de sus ventas enormes y de la gran popularidad de algunos de sus poemas, rara vez es incluido en antologías de poesía latinoamericana.
—¿Está seguro de que es eso lo que quieren averiguar, Gonçalves?
—No le entiendo, Suárez.
—Tal vez en realidad quieran saber por qué el hombre murió en la indigencia, a pesar de que lo recibieron con bombos y platillos cuando volvió. Digo yo, como cosa mía.
—Benedetti vive, Suárez.
—No me diga. Se v...

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Elvio E. Gandolfo

Dirigió con su padre la revista literaria El lagrimal trifurca (1968-1976). Trabajó en periodismo cultural en publicaciones de Argentina; diarios La Opinión, Clarín

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2

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3

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4

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5

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1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

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2

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