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El Malpensante

Ficción

Don Serafín

Un cuento

Ilustración de Ruth Sofair Ketler

 

Quedé helado cuando me contó que se había acostado con Don Serafín. Me emputé, pero también me dieron unos celos más berracos que cuando la encontré encerrada en el cuarto con la astróloga y su marido. Es que lo de Don Serafín fue distinto. No había sido una infracción ni una frivolidad. Había enterrado quinientos años de prejuicios y de tabúes. Una blanca del Cauca no se lo da a un indio. Claro que los protagonistas de sus fantasías sexuales siempre son mecánicos, campesinos, pescadores y hasta guerrilleros. Ella se imagina que se los lleva por allá debajo de unos arbustos a hacerles de todo; o la recogen en una moto o van en una lancha por la selva. Siempre es un hombre de origen popular, pero con un pipí mucho más grande que el mío (“Aunque no tan sabroso, papito, ¿cómo se te ocurre?”). Una vez fuimos a San Andrés y principiaron a aparecer negros en los libretos. Pero esas relaciones no se consuman. Se quedan planteadas en el deseo, hasta en un beso apasionado. Ella no deja que se lo metan, “porque le da impresión”. Y sin embargo, a Don Serafín se le entregó, y le dejó una huella profunda.

Se había ido al Putumayo a recoger material para un libro que quería hacer sobre los ritos del yagé. En San Miguel le habían dicho que si en verdad quería entender la esencia y el poder de esa hierba tenía que irse río arriba hasta encontrar a los indios kofanes y participar con ellos en las ceremonias. Así pues, se montó en una lancha con dos antropólogos de la Universidad de los Andes y un traqueto. A pocos kilómetros del pueblo los paró la guerrilla. Al mafioso le cobraron peaje. Los de los Andes eran compadres. Y a ella el eleno le dijo: “Cuídese mija. Una burguesa como usted no da un brinco sola en la selva”. Ese eleno se le aparece ahora en sus fantasías junto con un teniente de la Petejota que la tuvo presa en Arauca, pero esos son otros cuentos. Hacer el amor con ella es una película de aventuras, hermano.
 
El viaje por el río le hizo olvidar todos sus temores. Esa inmensidad de agua y el verde de la selva se le quedaron grabados. Meses después de regresar, cuando cerraba los ojos, pod&iacu...

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Fue ministro de Hacienda y rector de la Universidad de los Andes.

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