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El Malpensante

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Raymond Carver: un cuentista en la sopa

Entrevista a Douglas Unger

El camino de la escritura recorre pasadizos inciertos y casi siempre accidentados. El de Carver pasó por el alcohol, los trabajos mal pagos y los matrimonios náufragos. En seguida, una entrevista a un compañero de viaje.

Hace unos años un escritor estadounidense se quedó varios meses en Montevideo, dictando clases. Citado para un reportaje sobre su obra, presentó a su compañera, una rubia típicamente norteamericana, de sonrisa amable, como “Amy”. Bastante después, ya avanzado el reportaje, agregó al mencionarse a Carver: “ella es la hermana de Maryann, la primera mujer de Ray”. Pronto un buen porcentaje de la charla pasó a girar alrededor del autor de Catedral.

En cuanto a Unger, nació en 1952 en Moscow, no de Rusia sino de Idaho, y manejó un rancho con su hermano. De la experiencia nació Leaving the Land, que describe el derrumbe de las fincas durante el reaganismo. La novela fue comparada en su momento con Las uvas de la ira de Steinbeck. Para mayor originalidad, Unger hizo su escuela secundaria en Buenos Aires, experiencia expuesta en otra novela, El yanqui. Como suele pasar, las promesas de escribirnos quedaron en nada, y sólo sé que publicó una novela más sobre su experiencia porteña.
 
E. E. G.
 
 
¿Cómo conociste a Raymond Carver?
La primera noticia que tuve de él fue en Chicago, donde yo estaba publicando la Chicago Review. Sus cuentos circulaban manuscritos, de mano en mano. Un día llegó uno a través de un estudiante que había estado en Wis-consin. Era un momento muy experimental de la literatura norteamericana: Pynchon, Coover, Barth. Desde los 18 años, en cambio, Carver escribía ficción realista, escueta. Más tarde me mudé a Iowa, donde conocí a Amy. En el 75 o 76 Carver fue para una lectura. Era su mala época, cuando bebía mucho.
 
 
¿Qué impresión te provocó verlo, la primera vez?
Fue en Navidad. Nos íbamos a reunir él, Amy y yo. Me fue a buscar al aeropuerto en un auto hecho mierda, que casi no andaba. Ray era grande, como un oso, y apenas podía entrar en semejante auto para manejar. Me senté a su lado, buscó la botella bajo el asiento y me la ofreció. A los pocos kilómetros ya estábamos borrachos. Llegamos a San Francisco y festejamos durante dos semanas enteras. Más adelante fue a leer sus trabajos, y se quedó unos tres meses viviendo con nosotros.
 
 
¿Era muy conversador?
Charlábamos bastante. Pero en es...

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Elvio E. Gandolfo

Dirigió con su padre la revista literaria El lagrimal trifurca (1968-1976). Trabajó en periodismo cultural en publicaciones de Argentina; diarios La Opinión, Clarín

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