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Coda

¡Corten!

(Carlos Mayolo: la misa final)

Contradictoria, torrencial, volcánica, la vida del cineasta caleño no conoció los términos medios.

Creo que en más de veinticinco años de amistad y complicidad creativa nunca estuve con el director de cine colombiano Carlos Mayolo en una iglesia. Bueno, sí estuvimos en algunos cementerios: en la filmación de la escena final de Pura sangre de Luis Ospina, donde Mayolo representaba a un violador de niños, y en uno de sus Cuentos de espanto, producidos por la televisión caleña (creo que el episodio, si la memoria no me falla, se llamaba La muerte sin sosiego), donde la joven actriz Alejandra Borrero enloquecía de amor, desde la tumba, a un confundido Helios Fernández, otro que ya no está.

Con Mayolo, sus colaboradores, siempre nos sentimos jóvenes. Tiendo a pensar en el Mayolo de la década del ochenta, un Mayolo entre los treinta y cinco y los cuarenta y cinco años de edad, que trabajaba sin pedirle permiso a nadie, involucrando en sus aventuras creativas a la productora Bertha de Carvajal, a jóvenes sin experiencia como Adriana Herrán o David Guerrero, viajando al Brasil a conseguir a los mejores actores de Glauber Rocha (Antonio Pitanga, José Lewgoy), poniendo una ciudad a su servicio, para convertir a Cali en un inmenso set que diera cuenta de sus recuerdos y de sus caprichos creativos.
 
El 3 de febrero de 2007, en horas de la mañana, la historia de esa tormenta tropical que fue Carlos Mayolo terminó. En Bogotá, sentado en el sillón que fuera de don Eduardo Caballero Calderón, mientras su inseparable Beatriz dormía la primera siesta, el director de cine se quedó dormido para siempre. Le tenía pánico a la muerte y la enfrentó de una manera que ninguno de sus mejores amigos pudimos aceptar. Carlos, que en una época fue el más inteligente, sabía que se estaba matando, pero no hacía nada por impedirlo. Dejó que quienes lo rodeábamos nos encargásemos de mantenerlo vivo y, poco a poco, su loca carrera contra el destino tocó fondo y se encargó de mandarlo, sin permiso, a la morada final.
 
Ahora, el 4 de febrero, vamos en lenta peregrinación a la capilla del Gimnasio Moderno a despedir a Mayolo. Llegamos sin prisa, actores, directores, camarógrafos, poetas, periodistas, abogados, jóvenes no tan jóvenes, chicas que nunca vieron ninguna producción de Carlos, ni en cine ni en televisión, pues Mayolo calló prácticamente sus cámaras en 1997, a pesar de algunos trabajos que hizo para unive...

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Sandro Romero Rey

Trabaja como profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital. En 2010 publicó 'El miedo a la oscuridad'.

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